La intimidad devocional de “El Divino”

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Detalle de Cristo, Varón de Dolores (1565) en el Museo Nacional del Prado. Obra de gran expresividad

Luis de Morales es uno genio de la pintura española del s. XVI. Su trazo se mueve entre los cánones de renacimiento con matices manieristas. Fue conocido con el sobrenombre de “el Divino” Morales. Este apodo fue acuñado a raíz de los temas pictóricos y compositivos que realizó. Sus obras son en su totalidad imágenes religiosas de cierto aire místico y devocional. Antonio Palomino y Velasco, un pintor y tratadista de arte del s.XVII, recogió en su obra “El parnaso español pintoresco laureado”(1724), que versa sobre la vida y obra de los artistas de España hasta ese momento; este peculiar dato:

“fue conocido el Divino, porque todo lo que pintó, fueron cosas sagradas, porque hizo la cabeza de Cristo con tan gran primor, y sutileza en los cabellos, que a el más curioso en el Arte ocasiona a querer tocarlos, para que se muevan; porque parece que tienen la misma sutileza, que los naturales”. 

Fue tan aceptado y extendido este apodo, el Divino, que su nombre de pila fue olvidado. No fue hasta el s.XIX cuando consultando unos documentos se descubrió que su verdadero nombre es Luis.

Hay aspectos sobre su vida que siguen sin conocerse con seguridad. Lleva mucho tiempo abierto el debate sobre su fecha y lugar de nacimiento. Una de las fuentes más fidedignas nos habla que nació en torno a 1510-1511. Tampoco hay unanimidad para indicar su lugar de nacimiento. Hay autores que señalan un origen extremeño, oriundo de la zona de Badajoz. Pero las últimas investigaciones apuntan a que podría ser de Salamanca.

Independientemente de esta niebla biográfica, lo que no cabe duda es que fue unos de los pintores más importantes de su periodo. Toda su obra conocida hasta el momento nos revela que fue un pintor de personalidad destacada, creativo, innovador y con un gran conocimiento artístico. Realizó tablas de formato mediano y pequeño. Son estas últimas las llamadas “pieças devocionales” las que configuraron su fama, destinadas a pequeños oratorios y capillas privadas. Sus tablas devocionales transmitían un mensaje claro desde la intimidad pictórica. Gozó de enorme éxito y debido a la alta demanda de encargos fundó un pequeño taller en Badajoz, ciudad donde se estableció gran parte de su vida.

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Detalle de La presentación en el Templo (1568)

Además fue un importante pintor de retablos. Para la época era uno de los grandes cometidos a los que podía aspirar un pintor. Todos querían recibir el encargo de un retablo porque generaba altos ingresos y servía para darse a conocer de manera “masiva”. Hoy sabemos que fue un prolífico pintor de retablos, ya que llego a participar en la creación de 20 retablos en la zona de Extremadura. No es de extrañar, ya que en esa época se produjo una creciente demanda de producción artística para ornamentar los templos. Debido a las vicisitudes de tiempos convulsos, algunas de ellas han desaparecido. Otras han sido desmontadas y se conservan en museos y colecciones de arte. Y otras tantas permanecen en su lugar de origen como el retablo de la iglesia de Nuestra Señora de la Asunción en Arroyo de la Luz (Extremadura), que ejemplifica de manera magistral el estilo de Morales en este tipo de producciones.

El Divino creó un estilo personal que estaba en contacto con las corrientes de la época. Se inició dentro de un estilo castellano muy influenciado por la escuela flamenca. Con el paso del tiempo fue añadiendo a su impronta pictórica las influencias italianas. Mucho se ha discutido sobre su posible viaje a Italia, pero hoy es más sensato admitir que pudo conocer todos los avances italianos gracias a un viaje a Valencia. La escuela valenciana, en pleno apogeo, fue muy deudora de la italiana. Fernando de los Llanos, Yañez de la Almedina, Vicente Masip o Juan de Juanes, entre otros; realizaron un arte muy influido por las corrientes renacentistas: el dibujo de Rafael, la volumetría de Miguel Ángel y los sfumatos de Leonardo da Vinci. Uno de los referentes italianos de Morales, captador de todas estas tendencias fue Sebastiano del Piombo. Solo hay que echar un vistazo a su obra “Cristo con la Cruz a cuestas” (1566) para ver hasta que punto capto la pintura de Piombo.

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Detalle de La Piedad (1570) en la Real Academia de Bellas Artes de Madrid. Esta obra define el estilo Morales

En muchas de sus imágenes podemos ver como muestra el dolor por medio de claroscuros de fondo neutro, gestos afligidos subrayados por bocas entreabiertas, ojos de mirada distante y manos que se entrecruzan hasta marcar los nudillos. La mayoría son composiciones sencillas con figuras de ideal estilizado dibujadas sobre fondos oscuros donde el patetismo es acentuado por medio de un uso efectista de la luz. Su paleta de color es a menudo de tonalidad fría y la tez de los modelos adquiere un acabado esmaltado. Este tipo de fórmulas fue muy acertada para fijar en sus obras una carga psicológica y expresiva que hace que empatices con el mensaje que están transmitiendo. Destacamos alguna de sus obras sobre el tema de “La Piedad”, “Ecce Homo” y “la Dolorosa”. Obras que resuelven con una factura cuidada e intimista temas iconográficos de intensidad dramática sobre la vida y la muerte, la rendición y la devoción.

La Virgen gitana o Virgen del sombrero es uno de los temas que hoy produce cierta curiosidad por el peculiar atuendo de la Virgen. La tradición nos muestra que la representación pictórica de los gitanos es muy antigua y se tenía la creencia de que al ser personas nómadas provenían de Egipto. Las mujeres vestían con este tipo de sombreros. Morales utilizó todos estos elementos para presentarnos a la virgen con el niño en el episodio de la huida a Egipto. Asociando la representación de la Sagrada Familia con el trayecto nómada de estos pueblos por el mundo .

La existencia de su taller dificulta la atribución de nuevas obras que a priori pueden ser catalogas como “estilo Morales”. Dos rasgos que ayudan mucho a su identificación son que ninguna obra cuenta con su firma y que detrás de cada obras había una sabia decisión en cuanto al soporte a utilizar. Generalmente se decantó por tablas de nogal o roble báltico que configuraban un acabado perfecto y delicado.

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Detalle de La Virgen de la leche (1565) en el Museo Nacional del Prado. Una de sus obras más representativas

Tenemos que acercarnos a la obra de Morales desde el contexto de una época de religiosidad imperiosa bajo los preceptos de la “devotio moderna”. Esto es, la adecuación de los temas bíblicos a un decoro y claridad exigidos desde las instituciones religiosas católicas. Las obras debían ajustarse a una serie de códigos visuales que permitieran la correcta interpretación y reflexión de los mensajes religioso. La Inquisición y las nuevas ordenes religiosas, como la de los jesuitas fundada en 1534 por Ignacio de Loyola que nació bajo el amparo de la contrarreforma del concilio del Trento, motivaron un nuevo lenguaje artístico cuya misión era el catecismo de los devotos mediante una correcta utilización de los temas religiosos.

Morales supo adaptarse a las exigencias de este nuevo mercado artístico, lo que le valió una amplia clientela que demandó sus obras y se tradujo en un éxito en vida que pocos artistas de la época obtuvieron. Su muerte en 1586 puso fin a uno de los pintores más prolíficos e importantes del renacimiento español.

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